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Las cinco claves para entender cómo se elaboran los vinos semidulces

Desde hace algunos años, el vino está ganando una nueva dimensión cultural y social que parece llegar para quedarse (para deleite de los que lo amamos). El conocimiento sobre el mosto de uva y su elaboración, y su consecuente valoración parece haberse “democratizado”. Puede que sea, en parte, gracias a los vinos semidulces.

¿Qué fue antes: el huevo o la gallina? 


Desconocemos si el público, cada vez más interesado e informado, demanda buenos vinos a su alcance y promueve que las bodegas innoven y se esfuercen en diferenciarse unas de otras; o si, por el contrario, las bodegas han evolucionado incentivadas por enólogos modernos, enamorados de su profesión y con grandes inquietudes, y esto ha provocado una era de grandes y diversos vinos que ha despertado el interés general por el sector.

En cualquier caso, el buen vino ya no es exclusivo de los eventos de las altas esferas, y el consumidor medio tiene ganas y recursos para probar, descubrir y degustar el resultado del trabajo de la vid en sus distintas versiones.

Una de estas versiones tiene mucho que ver con ese bautismo y descubrimiento de quien se acerca a este mundo por primera vez. Si no estás acostumbrado a los conceptos de acidez, taninos, astringencia y madera, probablemente no te guste un buen crianza (puede que aún estando habituado, tampoco te guste). Y no pasa nada. Quizá te guste y en algunos momentos no te apetezca. Lo mismo da. 

La cuestión es que no todos los vinos deben ser estudiados antes de beber, ni deben encerrar en su trago grandes evoluciones. A veces, simplemente, queremos un vino para disfrutar. Un vino fresco y rico que acompañe el momento sin eclipsar la conversación con sus matices, y que no por esto sea peor vino. Y esta es la definición perfecta de los vinos semidulces, a los que queremos dedicar este post.

Los vinos semidulces: mucho más que una moda

Cada vez más conocidos y apreciados, los vinos semidulces son perfectos para tomar sin querer, sin darse uno cuenta de que se ha acabado la botella.

Acompañan el aperitivo o la comida haciendo disfrutar a quien lo bebe de cada trago, generalmente frescos, ligeros y agradables gracias a su toque dulce que equilibra la acidez. Los vinos semidulces suelen ser una gran puerta de entrada al vino para aquellos que no están del todo familiarizados, que no se identifican con el clásico consumidor “entendido” en vinos, o que, simplemente, no quieren algo complicado para el momento en el que están. 

En las siguientes líneas, vamos a resolver todas tus dudas sobre estos vinos, ¿qué los define cómo semidulces? ¿De qué depende su dulzor? ¿De qué uvas se elaboran? ¿Hay regulación sobre ellos? ¿Cuáles son los mejores vinos semidulces?

¿Qué caracteriza un vino semidulce?

Los vinos semidulces se caracterizan porque tienen un contenido de azúcares superior a los secos y semisecos, en concreto, los semidulces son los que tienen entre 12 y 45 gramos de azúcar por litro. 

Debemos distinguir un vino semidulce de un vino dulce, aunque el consumidor a veces los utilice como sinónimos. Un vino dulce superaría los 45g de azúcares residuales por litro, mientras que un seco o semiseco, suele contener entre 5 y 12 gramos de azúcar por litro. Y aunque quizá estos tecnicismos no te digan nada, todos distinguimos por su gusto un verdejo de un moscatel, ¿verdad?

Te dejamos la tabla para que puedas presumir de entendido del semidulce:

Vino blanco seco

Inferior a 5g de azúcar por litro de vino

Vino blanco semiseco

Entre 5 y 12g de azúcar por litro de vino

Vino blanco semidulce

Entre 12 y 45g de azúcar por litro de vino.

Vino dulce

Más de 45g de azúcar por litro

El papel del azúcar en la elaboración de un vino semidulce

Cuando hablamos de azúcares en el vino (ya sea seco o vino semidulce), hablamos siempre de azúcares presentes de forma natural en la uva. Estos azúcares (que en el vino se llaman hexosas, pero no son más que la glucosa y fructosa de cualquier fruta), son un elemento imprescindible para su elaboración. 

Las levaduras que llevan a cabo la fermentación del zumo se alimentan de esa glucosa y fructosa naturalmente presente en la uva. Podríamos decir que los azúcares son el combustible de las levaduras, responsables de convertir el mosto en vino.

El azúcar de un vino no sólo permite su fermentación, sino que marcará determinantemente su grado de alcohol. Al contrario de lo que algunos puedan creer, no es la maceración ni la crianza la que produce el alcohol, aunque el manejo de estas últimas fases puede variar ligeramente su graduación final y nivel de azúcar.

Por norma general, cuanto más azúcar concentrado en el mosto, más graduación alcohólica tendrá el vino.

¿De qué depende este grado de azúcar?

Fundamentalmente, el nivel de azúcar de un vino dependerá de la variedad de uva y de la zona. Por ejemplo, la uva moscatel es una variedad caracterizada por su dulzor, por lo que se emplea mayoritariamente en vinos dulces y semidulces.

Pero, si la uva es la misma… ¿Qué hace entonces que un vino de la misma zona y uva pueda ser un vino semidulce o un vino seco?

La misma uva puede producir un vino semidulce o un vino seco, aunque no es lo más habitual. Pero tenemos por ejemplo el caso de el vino AC, que es un coupage que incluye viura, la blanca más característica de los vinos blancos de Rioja, o el caso de El Marido de Mi Amiga, que presenta tempranillo blanco en su ensamblado. 

Que una uva que no es típicamente dulce pueda llegar a formar parte de un blanco semidulce depende básicamente de la “manipulación” de la fermentación del mosto, que se produce de forma natural tras unos días de maceración. La llamada fermentación alcohólica. Esta primera fermentación surge espontáneamente, pero las bodegas controlan la temperatura a la que se produce para que no sufra grandes contrastes y el vino tenga una acidez y cuerpo controlados (si no hubiera control alguno, el vino podría convertirse fácilmente en vinagre).
Cuando el mosto llega a un punto alcohólico determinado, las levaduras ya no sobreviven, por lo que se detiene la fermentación y el azúcar restante, el azúcar residual, se mantiene en él.
¿Cómo logramos jugar con el grado de dulzor de un vino semidulce? Fácil. Con la temperatura y el tiempo en el que permitimos su fermentación.

En los vinos semidulces se suele cortar la fermentación con una bajada brusca de temperatura. Así se eliminan las levaduras y se obtiene un vino con más azúcar residual de lo que le correspondería si lo dejáramos seguir su proceso natural.

La combinación de factores como la variedad de uva, el tratamiento de la bodega al fruto desde la vid, el tamaño y material de las barricas o depósitos en los que macera y fermenta las primeras horas, el tiempo y la temperatura  de fermentación… son los matices que convierten cada vino semidulce en único. 

AC Vino (La Rodetta)

Pocos matrimonios hay tan bien avenidos como el que forman la viura y la uva moscatel en este blanco semidulce AC.  Fresco, jugoso, delicioso... embauca al aficionado que se inicia en el mundo del vino. Y sí, esto también es un Rioja.
Disponible
6,15 €

El marido de mi amiga (vino blanco semidulce)

El vino El marido de mi amiga es un vino blanco semidulce elaborado a base de tempranillo blanco, malvasía y sauvignon blanc. Aclamado a menudo por aquellos que se inician en el mundo del vino, este coupage de Rioja alavesa se distingue por su frescura y equilibrio entre dulzor y acidez. Se describe habitualmente como un vino delicioso, divertido, que se...
Disponible
6,95 €

La chaptalización: ¿añadir azúcar al vino blanco para convertirlo en semidulce?

Otra técnica para endulzar un vino más de la cuenta es la “chaptalización”. Este proceso consiste en agregar al mosto fermentado azúcar procedente de otras fuentes, que suelen ser la caña de azúcar o el mosto concentrado de uva. Así el vino, además de ser más dulce, tiene mayor graduación. 


Esta técnica está completamente prohibida en España desde 2003, pero en otros países como Alemania o Francia, donde la uva no siempre consigue el grado de madurez ideal por las condiciones climatológicas, está muy extendida y se utiliza de forma habitual. 


En Dicomar, apostamos por vinos semidulces elaborados de forma natural, respetando el proceso tradicional del vino y obteniendo unos blancos semidulces de gran calidad, como el vino AC y El Marido de mi amiga, los dos vinos semidulces de Rioja que, a nuestro criterio, mejor representan sus variedades en la versión de vino semidulce.

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