El Tresillo Amontillado se fundamenta en una dualidad fascinante. En su juventud, el vino base procede de mostos de yema de finura extrema nacidos en suelos de albariza, criándose inicialmente como un fino bajo la protección del velo de flor. Con los años, las levaduras agotan sus nutrientes de forma natural y dan paso a la fase oxidativa, donde el contacto directo con el aire en las andanas de la bodega transforma por completo su fisonomía, concentrando sus compuestos y dotándolo de su singular finura aristocrática.
Al comprar El Tresillo Amontillado, adquieres un vino generoso que equilibra a la perfección los dos mundos de Jerez: mantiene el alma punzante, sápida y vertical de su pasado biológico, pero enriquecida con la calidez, la estructura y los aromas terciarios propios de la vejez oxidativa. Es una botella indispensable para sumilleres y aficionados que buscan un jerez con un paso por boca afilado y una persistencia infinita.