La procedencia de las uvas es clave en Tío Mateo, seleccionadas de pagos con suelos de albariza (tierra blanca caliza), que aportan la finura y mineralidad necesarias. Tras la fortificación a 15% vol., el vino entra en el tradicional sistema de criaderas y soleras en las bodegas del Grupo Estévez. Allí, las botas de roble americano son testigos del milagro de la flor, una capa de levaduras que protege al vino de la oxidación y lo transforma biológicamente.
Tío Mateo destaca por ser un fino con una vejez media superior a la habitual en los finos comerciales, lo que le confiere una mayor estructura y un perfil más punzante.
Al comprar fino Tío Mateo, adquieres un vino que es puro reflejo de la cultura jerezana; un vino serio, sin concesiones, donde la levadura y la madera vieja han trabajado en armonía para crear un blanco seco, complejo y profundamente gastronómico.