La arquitectura técnica de Meixeman es un retorno a la tradición más pura. La fermentación se realiza con una parte importante de raspón (el racimo entero) en tinas de madera abiertas, utilizando exclusivamente levaduras indígenas. Tras una maceración prolongada pero suave, el vino realiza su crianza durante 12 a 14 meses en barricas de roble francés de varios usos. Este uso medido de la madera permite que el vino respire y se dome, sin ocultar nunca esa identidad de "suelo" y esa frescura balsámica tan característica de la finca.
Es un vino que destaca por su equilibrio entre la potencia tánica y una elegancia casi borgoñona. Al adquirir Guímaro Finca Meixeman, te haces con una pieza de historia líquida de Amandi, un vino que trasciende la fruta para ofrecerte la mineralidad del terruño y la sabiduría de un viñedo centenario que ha aprendido a expresar la nobleza de la pizarra gallega.