Durante años, varias bodegas del Penedès sintieron que la etiqueta DO Cava se había vuelto demasiado amplia: vinos elaborados en zonas muy distintas y poco foco en el origen real de la uva. Casas históricas —como Gramona, Recaredo, Llopart, Nadal, Torelló— presionaron para señalar el territorio del corazón del Penedès y un modo de trabajo más exigente (eco, manual, vinificación en la propiedad, crianzas serias).
Como ese cambio no cuajó dentro de la DO Cava, en 2019 se desmarcaron de esta, creando su propio sello, como una clasificación independiente para sus espumosos. Querían fijar unas normas claras que definieran sus espumosos y los distinguieran del resto de la DO: un origen específico, una agricultura ecológica cuidando muchísimo el viñedo y un trabajo delicado en bodega, de esos de mucha paciencia, con crianzas largas y doble vinificación, entre barrica y botella. Estas bodegas empezaron a firmar sus vinos como Corpinnat.